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En su concepto tradicional, educar implica ayudar a otra persona  a desarrollar al máximo sus facultades intelectuales y morales. Ello significa que quien proporciona educación a un tercero no se limita a transmitirle conocimientos o a iniciarlo en la práctica de un arte, un oficio o una profesión, sino que debe brindarle, fundamentalmente, una enseñanza humanista. Es decir, debe enseñarle a adoptar una conducta responsable ante la vida.
Esa ha sido, históricamente, la tarea o la misión de los padres de familia, considerados, con razón, los primeros educadores de sus hijos. No obstante, la enseñanza brindada en el hogar se prolonga luego en la escuela, pero siempre teniendo en cuenta que el educador no debe limitarse a desarrollar en el alumno capacidades intelectuales, sino que debe enseñarle también a hacerse moral y éticamente responsable de sus propios actos.
Ahora bien, en los últimos tiempos esa tarea de formar a los alumnos en la responsabilidad integral, es decir, intelectual, humanista y ética, se ha complicado por el embate de ciertas metodologías de enseñanza que tienden a imponer en una gran mayoría de centros de enseñanza conceptos y pautas que conducen al imperio de un desolador sistema educativo memorístico.
Desde la antigüedad se sostenía una enseñanza en donde al alumno, con la guía del mentor, se le invitaba a desarrollar el conocimiento por sí mismo,  a estimular su deber ético y, por lo tanto, su sentido de responsabilidad individual y social.
Esa postura, desgraciadamente, muchos docentes la han considerado un grave riesgo para su misión educativa, pues ello implica establecer un diálogo y un fomento de pensamiento crítico en el aula a partir de la opinión de cada estudiante. Cuando, en realidad, para muchos es más fácil dictar una clase magistral y que el alumno, como un robot, escriba todo lo que el profesor dice para después, simplemente, repetirlo en un examen.
Desgraciadamente casi todo lo que reclama trabajo, esfuerzo, dedicación, cambio, adecuación y responsabilidad, ha ido generando, en muchos docentes, rechazos, quejas, protestas y apatía. Es decir, se ha debilitado la conciencia de los deberes y de los compromisos, a menudo considerados una carga injusta.
Es también cierto que, con frecuencia, los padres han contribuido directa o indirectamente a ese ablandamiento de las conductas. Pedir un comportamiento verosímilmente responsable al hijo o al alumno obliga al adulto a un procedimiento a la altura de sus exigencias, si no existe esa correspondencia de conductas, los padres pierden autoridad.
Este es un punto sobre el cual deben reflexionar severamente los mayores, tanto aquellos padres ausentes de sus compromisos quienes contribuyen a dar pésimos ejemplos respecto de lo que representa el ejercicio de la responsabilidad, como aquellos docentes quienes, por variedad de motivos como por ejemplo las aparentes incapacidades, dejan de cumplir su obligación cardinal de formadores frente a los alumnos.
A su vez, la falta de responsabilidad moral de los gobernantes repercute también en el comportamiento de los ciudadanos e incita a los jóvenes a conductas de escepticismo y de liberación de obligaciones.
En suma, como dijera Arnold Glasow, “uno de los principales objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas por las cuales vemos el mundo”, en este sentido la conducta responsable ante la vida demanda a nuestros jóvenes, a nuestros estudiantes, tantas veces reclamada, pero tantas veces violentada, demanda también firmeza, coherencia y compromiso por parte de todos aquellos quienes, de alguna u otra manera, tenemos en nuestras manos el educarlos dignamente.
En su concepto tradicional, educar implica ayudar a otra persona  a desarrollar al máximo sus facultades intelectuales y morales. Ello significa que quien proporciona educación a un tercero no se limita a transmitirle conocimientos o a iniciarlo en la práctica de un arte, un oficio o una profesión, sino que debe brindarle, fundamentalmente, una enseñanza humanista. Es decir, debe enseñarle a adoptar una conducta responsable ante la vida.
Lunes, 01 Noviembre 2010 05:19

El INA y la calidad

Escrito por
El Instituto Nacional de Aprendizaje, INA, fue  hace más de diez años,  la primera institución pública de formación profesional, en América Latina, en recibir una certificación de lo que se denomina, serie de normas ISO 9000, la cual evalúa el comportamiento de la calidad del servicio hacia la clientela.
En el marco del 45 aniversario del INA, es realmente importante contar con esa certificación internacional, porque significa dar un buen servicio en el campo de la formación y capacitación profesional, cumpliendo con altos estándares de calidad.
El INA, es una institución que apostó por la calidad de sus procesos,  para mejorar constantemente  los servicios que ofrece,  en respuesta a las demandas de un país que requiere personal técnico profesional calificado.  Esto permite a la administración superior,   enfocar todo su accionar hacia la labor sustantiva que realiza. A la vez,  se generan oportunidades de mejora mediante el seguimiento, la medición y evaluación de los procesos.
Actualmente, el INA tiene certificados con la Norma Internacional ISO 9001 desde el año 2006, todos los procesos en la institución, en los más de 50 Centros de Formación Profesional. Hasta la fecha ha logrado mantener y recertificar su Sistema de Gestión de la Calidad.
La obtención de la certificación con reconocimiento internacional  ISO 9001 convierte al INA en una institución pública en busca de la excelencia y mejoramiento continuo en sus servicios en todo el país.
Esta distinción y reconocimiento mundial,  se realiza y mantiene gracias a la mística, perseverancia y espíritu de superación de todo su personal y también nos compromete a responder,  oportunamente,  con un servicio a la clientela positivo, respetuoso y efectivo, en aras de seguir aportando al desarrollo económico y social de Costa Rica.
El Instituto Nacional de Aprendizaje, INA, fue  hace más de diez años,  la primera institución pública de formación profesional, en América Latina, en recibir una certificación de lo que se denomina, serie de normas ISO 9000, la cual evalúa el comportamiento de la calidad del servicio hacia la clientela.
Dado el claro reconocimiento de la importancia que la enseñanza universitaria reviste para el desarrollo económico y social de los pueblos, existe, actualmente, una básica preocupación por el mejoramiento de la calidad en las funciones de docencia e investigación, difusión de la cultura, y extensión de la proyección social de las instituciones de educación superior.
Valga decir, las sociedades enfrentan nuevas circunstancias que exigen instituciones educativas efectivas para los propósitos que la sociedad demanda, eficaces en su gestión  y con el nivel de calidad necesario para formar individuos con una educación flexible que los capacite para adaptarse a un mundo socialmente cambiante y  competitivo.
Actualmente el entorno está caracterizado por un mercado turbulento, donde los esquemas de competitividad han cambiado la manera de pensar y actuar. Por lo tanto, estos procesos de dinámica global exigen la demanda de profesionales altamente competitivos, multiculturales, interdisciplinarios, críticos, creativos, emprendedores, insatisfechos, motivados, con un gran sentido de iniciativa y con una marcada capacidad para adaptarse a las variaciones constantes del entorno.
En este sentido, es clave comprender que estamos sirviendo a sociedades muy diferentes de las de hace pocos años. Ellas exigen que la educación universitaria se modernice y se transforme en torno a los retos que la época plantea. De ahí que los diversos mecanismos de evaluación del desempeño y la calidad de la enseñanza e investigación; en particular los procesos destinados a la acreditación de programas e instituciones de educación superior, adquieren, cada vez más, una particular relevancia en el contexto de la globalización de las naciones.
Entonces, definitivamente, resulta imperativa una visión renovada de modelos educativos que permitan conciliar una educación de calidad para todos, con clara pertinencia en las distintas realidades socioculturales de los educandos.
En este sentido, la evaluación y la acreditación no representan una moda académica, sino que se están constituyendo en herramientas indispensables de política, planificación y gestión universitaria para verificar la calidad de la educación, garantizar la confiabilidad institucional ante la sociedad, otorgar un reconocimiento social, y sustentar la correspondencia entre la misión, los propósitos y los resultados universitarios.
Por ello es preocupante la información plasmada en un diario nacional de que tan sólo veinticuatro, de mil ochocientos diez carreras impartidas en universidades públicas y privadas del país, poseen un certificado de excelencia; sobre todo, al expresar que el proceso de acreditación no significa ningún estímulo para el graduado pues no conlleva el recibir un mejor salario.
Asociar la excelencia académica con un beneficio económico es, sencillamente, enlodar el sistema educativo universitario. La calidad debe medirse en términos del logro de los objetivos establecidos por cada institución; esto implica el esfuerzo de una comunidad institucional obligada con su entorno social, y un continuo proceso de auto-evaluación que genere graduados comprometidos con la ética profesional más que con fines lucrativos.
La universidad es una entidad en donde su misión, quehacer y sus resultados, deben estar al servicio del desarrollo armónico e integral de la sociedad; por lo cual, debe responderle, y rendirle cuenta, a la comunidad que la sustenta.
Esto implica, necesariamente, la urgencia de enfocar mayores esfuerzos que fomenten la acreditación universitaria como un eficaz medio para garantizar el progreso nacional, y enfrentar los retos del entorno global. Pues como señalara el político mexicano Benito Juárez: “La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansa la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.
Dado el claro reconocimiento de la importancia que la enseñanza universitaria reviste para el desarrollo económico y social de los pueblos, existe, actualmente, una básica preocupación por el mejoramiento de la calidad en las funciones de docencia e investigación, difusión de la cultura, y extensión de la proyección social de las instituciones de educación superior.
Viernes, 29 Octubre 2010 11:07

Mensaje del TSE 7

Escrito por
Dr. Luis Antonio Sobrado González
Magistrado Presidente, TSE
El próximo domingo 5 de diciembre es un día muy importante, porque estamos llamados a votar.  Completaremos ese día los gobiernos municipales. Tras haber elegido en febrero a los regidores y regidoras, en esta nueva cita con las urnas designaremos, entre otros cargos, a los alcaldes y alcaldesas que velarán por los intereses de nuestras comunidades durante los próximos cinco años.
Los gobiernos municipales han ido ganando protagonismo y relevancia en la vida cotidiana de los costarricenses. Para bien o para mal, las decisiones que se adoptan en las municipalidades y la eficacia con que se ejecutan, tienen un impacto directo en nuestra calidad de vida. No se trata, cuando hablamos de lo municipal, de las relaciones internacionales o de los grandes temas nacionales.  Están en juego, más bien, cosas que a todos nos son muy cercanas y tangibles, por ser las que tienen que ver con la realidad de nuestro cantón y de los barrios que lo conforman.
Y es que de las municipalidades depende el buen estado de las calles vecinales y los espacios recreativos, la eficiente recolección de la basura, la promoción de la cultura local, la mejor atención de la seguridad del vecindario, el prudente manejo de las patentes, el saludable incentivo del comercio local y la necesaria planificación del desarrollo urbano del cantón para la conservación de su ambiente.
Estamos en todo nuestro derecho cuando exigimos que las municipalidades hagan bien su trabajo. Pero, a cambio, tenemos el deber de participar en la elección de aquellos que las gobernarán, así como la responsabilidad de hacer una buena escogencia.
La ecuación es clara: una buena gestión municipal redunda en mejor calidad de vida para los habitantes del cantón. La buena noticia de la democracia es que los ciudadanos no estamos obligados a resignarnos o conformarnos con criticar y lamentar las malas administraciones municipales. La democracia pone en las manos de cada ciudadano el poder de su voto. Las elecciones son la oportunidad más preciosa, y por ello imperdible, para forjarnos nuestro propio destino, escogiendo a las mejores personas para que dirijan la comunidad.
Si aún no ha decidido ir a votar, piénselo: esta elección es la de su barrio. No deje que sean otros los que elijan por usted, porque sería usted y no sólo los que vayan a votar, el que resultaría perjudicado si no se elige gente capaz y honesta para los cargos municipales.
En la página electrónica del Tribunal Supremo de Elecciones muy pronto podrá apreciar el amplio menú de candidaturas y propuestas de los partidos políticos.  Podrá usted confrontarlas con la radiografía de su comunidad que, bajo el título “ficheros de información cantonal”, ya ofrece ese sitio web.
Infórmese, valore y decida. Es su derecho y responsabilidad como ciudadano costarricense.
Dr. Luis Antonio Sobrado González
Magistrado Presidente, TSE
El próximo domingo 5 de diciembre es un día muy importante, porque estamos llamados a votar.  Completaremos ese día los gobiernos municipales. Tras haber elegido en febrero a los regidores y regidoras, en esta nueva cita con las urnas designaremos, entre otros cargos, a los alcaldes y alcaldesas que velarán por los intereses de nuestras comunidades durante los próximos cinco años.
Lástima que ese viejo refrán que sirve de título a este comentario, lo podamos constatar en, los pocos meses, que lleva la gestión de la señora presidente Laura Chinchilla. La golondrina, con todo respeto y consideración lo digo, es el señor ministro de Seguridad Pública y Gobernación, licenciado José María Tijerino Pacheco, quien desde el mismo inicio de sus responsabilidades dio, muestras claras de ser un hombre de palabra, muy vehemente pero no por eso menos inteligente, sensato y prudente.
No más comenzando su gestión advirtió que habría un cambio importante en la acción policial pues la guardia civil debería estar en las calles, prestando protección a la comunidad y no en las comisarías. Cuando algunos medios de comunicación social, lo increparon, públicamente, de que su orden había sido desatendida, por algunos de los cuerpos policiales. El señor ministro Tijerino  con la serenidad y mayor prudencia, de las que ha dado muestras, les respondió algo como, que había que tener muy claro, que no era nada fácil cambiar una cultura organizacional, de la noche a la mañana.
La última acción del ministro Tijerino, fue su posición oportuna y tajante ante los hechos sucedidos en el Río San Juan, cuando una draga y un grupo de efectivos nicaragüenses violentaron la soberanía costarricense. En pocas horas, fijó la estrategia, logró el apoyo del Consejo de Gobierno y envió efectivos policiales muy bien parapetados, para garantizar la integridad del territorio nacional. Acción que significó la paralización total de la actividad del dragado en el San Juan.
Pero a excepción de todo lo antes citado, pareciera al juzgar por las acciones del Ejecutivo, que seguimos con más de lo mismo. El alto costo de la vida, que no da tregua a los hogares costarricenses, a pesar de la evidente revalorización del colón frente al dólar. Largas filas en los centros de la Caja. Otro caso, son los problemas en las carreteras construidas recientemente las que casi desde el inicio, han presentado serios problemas y finalmente tenemos el incumplimiento de compromisos gubernamentales con las comunidades, como es el caso de la carretera a San Carlos.
Una vez más, ahora el Gobierno de turno, sale a los medios para decir que ya si va en serio la conclusión de esa carretera a ese cantón del norte de Alajuela pero, es tal la desconfianza de los activistas sancarleños, que recibieron con escepticismo la nueva promesa, según lo informó ayer La Nación. Hay que decir que este sentir no es gratuito pues hartas pruebas tenemos las y los costarricenses de que las promesas de las campañas políticas y muchos compromisos gubernamentales, en la mayoría de los casos, quedan solo en eso, pura palabrería y letra muerta en un papel.
Desafortunadamente, este Gobierno, con las excepciones del caso como la citada, en estos meses que lleva de gestión, no ha demostrado que la exaltada experiencia y  el conocimiento de los grandes problemas nacionales y de sus posibles soluciones, les haya servido para orientar eficazmente la acción del Ejecutivo. Algunas acciones a veces erráticas y otras hasta contradictorias de parte de la Casa Presidencial, pareciera dejar claro que se sigue administrando con visión de Gobierno y no de Estado, donde es el cortoplacismo lo que priva y no propuestas de mayor proyección.
Por eso digo, que lástima que una sola golondrina no haga verano
Lástima que ese viejo refrán que sirve de título a este comentario, lo podamos constatar en, los pocos meses, que lleva la gestión de la señora presidente Laura Chinchilla. La golondrina, con todo respeto y consideración lo digo, es el señor ministro de Seguridad Pública y Gobernación, licenciado José María Tijerino Pacheco, quien desde el mismo inicio de sus responsabilidades dio, muestras claras de ser un hombre de palabra, muy vehemente pero no por eso menos inteligente, sensato y prudente.
Miércoles, 27 Octubre 2010 10:44

Un país lleno de buenos ejemplos

Escrito por
Uno ve telenoticiarios y le dan ganas de llorar, porque el país tiene muchos problemas, sin duda la pobreza, la violencia, la desigualdad social, la corrupción, la inoperancia del Estado, la lentitud en todo, el licor para todo y la ausencia de un verdadero liderazgo que encienda lo mejor del país.
Pero hay buenas noticias, y gente que nos hace creer. Tenemos grandes ejemplos: un Nery Brenes, una Hanna Gabriels, Ronald González y la selección de futbol que quedó en el cuarto lugar en un campeonato mundial, por primera vez en nuestra historia; un colegial que ganó medalla de oro en las olimpiadas de química; otro que ganó oro en las olimpiadas de biología; el escultor Jiménez Deredia, de estatura mundial; Franklin Chang y su sueño de lanzar al espacio el motor de plasma...
A pesar de las malas noticias, todos los días me encuentro con grandes gestos. Por ejemplo, la Lechetón, que reunió a la farándula, que tanto detestan algunos periodistas de la prensa escrita, pero que tanto ayuda... La Lechetón superó la meta por mucho. El objetivo era recaudar 30 mil litros, pero recaudamos casi 47 mil, que permitirán ayudar a más de dos mil niños en albergues, hogares y comedores infantiles; así como a tres hogares de ancianos.
Aunque alguna gente sólo quiere ver lo malo, hay gente que nos devuelve la fe en el ser costarricense. Un día de estos estuve en un conversatorio que organizó la Casa Presidencial a propósito del mes del adulto mayor. Participaron el novel actor octogenario Luis Carlos Zamora (el de la película “A ojos cerrados”) y la actriz Ana Poltronieri, una de las mejores de nuestra historia. Lo moderó Maureen Salguero, siempre dulce, ágil de palabra, cálida, serena. Don Luis Carlos y doña Ana hablaron de una Costa Rica llena de luz, que no hemos perdido aunque algunos se empeñen en demostrar lo contrario.
Hay tres campos en que veo que Costa Rica es una sociedad mucho más compleja pero mejor: la música, el ambiente y el cine. En el cine, da gusto lo que han conseguido figuras como Hilda Hidalgo, Hernán Jiménez y Esteban Ramírez. En la música, hemos crecido en todos los campos, desde lo clásico hasta la trova y la música tropical. La Orquesta Sinfónica Nacional y la Filarmónica; las orquesta de provincia y orquestas populares como La Solución, Madera Nueva, Son de Tikicia; grupos como Marfil, Gaviota, Los Hicsos, Mal País; sonoras como La Sonorita, Sonora Azteca y La Siguaray, y grupos como Escats. Por cierto, estuve en el lanzamiento de la nueva producción de Escats, que está muy buena. Como todo lo que produce ese gran empresario del espectáculo que ha venido a revolucionar nuestro medio, don Eduardo Agami.
Y en ambiente, tenemos una cuarta parte del territorio en parques nacionales, luchamos por limpiar el río más sucio de América Central, el Virilla, y tenemos una campaña para conservar el río más limpio de América Central, el Savegre, cuya cuenca tiene condiciones que la ubican como única en el mundo.
Para aterrizar, no me canso de decirlo: a pesar de todo, Costa Rica tiene todo para ser el primer país de América Latina en desarrollarse.
Uno ve telenoticiarios y le dan ganas de llorar, porque el país tiene muchos problemas, sin duda la pobreza, la violencia, la desigualdad social, la corrupción, la inoperancia del Estado, la lentitud en todo, el licor para todo y la ausencia de un verdadero liderazgo que encienda lo mejor del país.
Martes, 26 Octubre 2010 05:28

CONSTRUCCIÓN DE LA SEGURIDAD CIUDADANA

Escrito por
Dra. Érika Hernández Sandoval. Presidenta Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica.
La seguridad ciudadana primero se construye y después se practica; es decir, la seguridad ciudadana no parte de una idea aislada a un problema concreto, de una iluminación o de un iluminado.  Más bien, existe un cúmulo de factores que combinados entre sí, nos darán el inicio del camino, en esta construcción.  Las políticas sociales y públicas, asumidas por el Estado, como un compromiso para los menos favorecidos del conglomerado social, permitirán dicho inicio.  Así, es claro que un país comprometido en la lucha contra la pobreza de sus habitantes, a través de un adecuado reparto de  la riqueza, con políticas públicas bien definidas a largo plazo y aplicadas de manera sistemática, preparará los cimientos para la construcción de la seguridad ciudadana.   Políticas sistemáticas y continuas con proyección hacia el futuro,  deben anteponerse a esos remedios inmediatos a corto plazo, que sólo pueden maquillar el problema o hacer más parches en el camino.     Es claro, la pobreza es el principal insumo de la delincuencia, con ello de la inseguridad. Requerimos un camino limpio, un camino seguro.   Ahora bien, una vez que empezamos andar, requerimos los instrumentos, el medio por el cual podamos seguir construyendo y protegiendo dicho camino.  No existe un verdadero plan en la improvisación, de ahí la importancia de que las reglas sean expresas; es así como la formación de las leyes dará  el norte y protegerá el rumbo.  Aquí, no sólo es importante, que las políticas públicas queden debidamente establecidas, aseguradas, sino que se dicte una correcta política criminal.  Aunque los pasos son claros a seguir, al parecer hemos querido construir una seguridad ciudadana empezando por este segundo paso. Es decir, nos hemos enfrascado en la creación de leyes penales y procesales penales, para combatir lo que ya, de por sí, se ha generado con la ausencia de adecuadas políticas sociales y públicas (primer paso).  A partir de aquí, de esta construcción errónea, queremos resolver un problema, sin encontrar la solución.   La ecuación ciminológica es sencilla: mayor pobreza = mayor delincuencia.   Como un tercer paso, debemos contar con una correcta aplicación de esta normativa.  Así, de nada serviría la construcción de leyes penales, que garantizan finalmente la protección del camino, si su aplicación no es correcta, efectiva y eficaz.   Aquí entra en juego la aplicación de la  justicia, que es a la larga, lo que todos nos imaginaríamos, erróneamente, como la solución absoluta del problema.  Ningún factor aplicado de manera aislada solucionará el problema, ninguno será en todo completo; de tal forma, un factor pese a ser aplicado de manera continua, sistemática, aislado de los otros factores, nunca será eficaz.  Cada  uno de los factores mencionados debe funcionar adecuadamente y correlacionarse entre sí, para garantizar el sistema. Toda esta temática, que ha desbordado ríos de tinta y  píxeles, debemos enfrentarla con una posición seria, atendiendo a las diversos puntos de vista, no sólo de nuestros juristas, sino de la sociedad misma y es una responsabilidad de todos y todas.
Dra. Érika Hernández Sandoval. Presidenta Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica.
La seguridad ciudadana primero se construye y después se practica; es decir, la seguridad ciudadana no parte de una idea aislada a un problema concreto, de una iluminación o de un iluminado.  Más bien, existe un cúmulo de factores que combinados entre sí, nos darán el inicio del camino, en esta construcción.
La Constitución Política de nuestro país, en su artículo 60 consagra, tanto a favor de los patronos como de los trabajadores, el derecho de toda personas a formar y organizarse en sindicatos, ya sea para obtener o para  conservar beneficios económicos, sociales y profesionales en favor de sus agremiados, y aquella previsión constitucional es, por tanto, expresión de una libertad individual y colectiva reconocida en nuestro Estado de Derecho.
En todo caso y necesariamente, el Sindicato debe ser una organización democrática, en la que sus directores deben ser libremente electos por la mayoría de sus asociados o agremiados, según sea el caso, y sus decisiones sean previamente comunicadas y aprobadas.
No viene al caso, por respeto a la investidura y jerarquía de nuestro Tribunal Constitucional, cuestionar su fallo en relación con los procedimientos internos del Sindicato de Trabajadores Portuarios de Limón – SINTRAJAP -, que culminó con la reinstalación de la anterior cúpula directiva de aquella organización; aunque si conviene prever la importancia que para todo el país, en especial para la provincia de Limón, y no solo para los trabajadores agremiados de aquél Sindicato, tendrá el procedimiento interno que se celebrará en poco tiempo para la elección de esos dirigentes.
Hay en medio de aquél proceso decisiones trascendentales sobre el futuro de nuestro puerto atlántico.  Decisiones que nos afectarán a todos como país, y que tendrán que ser discutidas y negociadas con aquél gremio.  Sin embargo, es público y notorio que existen posiciones encontradas y hasta antagónicas entre quienes aspiran a ocupar aquellos cargos; y aquello amerita exigir que el proceso de elección se realice con absoluta transparencia.
Si fuese del caso, considerando el antecedente judicial ya resuelto, procede requerir voluntariamente la asistencia del Tribunal Supremo de Elecciones para que, como ente garante de la pureza de la expresión del sufragio en nuestro país,  supervise aquellas elecciones, y podamos estar todos tranquilos de que lo que posteriormente se decidirá, será acordado con los representantes legítimos de los trabajadores limonenses, y no con un grupo interesado en anteponer otro tipo de intereses ajenos a su función sindical.
En las próximas elecciones internas de SINTRAJAP, sin duda, se definirá más que un puñado de cargos.  Se definirá la posibilidad de cambio, y se expresará la voluntad de superación de toda una provincia, que merece mucho más de lo que hasta ahora ha tenido, atada por muchas limitaciones, algunas propias, pero otras que le han sido impuestas desde afuera, pero todas las cuales lamentablemente, y por mucho tiempo, han encontrado aliado en el conformismo, o en la falta de visión de futuro de cúpulas añejas que añoran más la lucha callejera obstinada que brinde posibilidad de destacar como “cabecillas” más que como “dirigentes”; relegando a un segundo plano el propósito de lograr la superación y el bienestar de los trabajadores de los muelles, y con la de ellos, la de la generalidad de la población limonense.
La Constitución Política de nuestro país, en su artículo 60 consagra, tanto a favor de los patronos como de los trabajadores, el derecho de toda personas a formar y organizarse en sindicatos, ya sea para obtener o para  conservar beneficios económicos, sociales y profesionales en favor de sus agremiados, y aquella previsión constitucional es, por tanto, expresión de una libertad individual y colectiva reconocida en nuestro Estado de Derecho.
Sábado, 23 Octubre 2010 07:14

COMENTARIO DEL DIPUTADO FRANCISCO CHACÓN

Escrito por
Costa Rica se ha consolidado como un país especial para la atracción de la inversión extranjera.
Debemos sentirnos entusiasmados de que empresas de todo el mundo pongan su mirada en un país que ha decidido competir y lo ha hecho de buena manera.
Sin embargo, es notorio que tenemos un saldo pendiente, en cuanto a la larga y tortuosa tramitonomía.
El país debe enrumbarse hacia una simplificación y agilización de trámites, que haga más eficiente el aparato estatal y le permita a las empresas y a las personas obtener respuesta a sus solicitudes en el menor tiempo posible.
En este sentido, como presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior de la Asamblea Legislativa, debo manifestar mi satisfacción porque este órgano parlamentario recientemente dictaminó un proyecto que vendría a eliminar el requisito de la consularización de documentos.
Se trata de la  Adhesión de la Convención para eliminar del requisito de legalizar los documentos públicos extranjeros.
El procedimiento será sustituido por uno más ágil denominado internacionalmente como la “Apostilla”.
Éste, sin duda, es un paso importante en la dirección correcta.
Es un paso  hacia la eliminación de requisitos innecesarios y absurdos que, al final, terminan siendo un obstáculo para la inversión y el crecimiento, así como un entrabamiento para los ciudadanos.
La “Apostilla” se utiliza en 97 países alrededor del mundo y ha probado su eficacia en disminuir los trámites por casi 50 años.
Sólo nosotros, como país, nos hemos quedado atrás.
La “Apostilla” es un sello especial, con su propio consecutivo y registro.
En el sistema vigente, el documento  debe pasar por varias instituciones en su país de origen y luego ser enviado al consulado de Costa Rica más cercano y finalmente hacer lo propio localmente.
Lo mismo debe realizarse con los documentos locales que deban ser presentados en el exterior.
Costa Rica debe apuntar hacia la simplificación de trámites que permitan tanto al nacional como al extranjero realizar esos trámites y darles seguimiento en el menor tiempo posible y con un costo razonable.
Tenemos un rezago importante, pero con voluntad política podemos avanzar.
En definitiva, la adhesión a la Convención de la “Apostilla” es una señal en la dirección correcta.
La “Apostilla” es un ejemplo de hacia donde debemos caminar…hacia la eliminación de tanto procedimiento burocrático y engorroso que bloquea el camino al desarrollo.
Sin duda, un paso adelante en un largo camino.
COMENTARIO DEL DIPUTADO FRANCISCO CHACÓN
Costa Rica se ha consolidado como un país especial para la atracción de la inversión extranjera.
Debemos sentirnos entusiasmados de que empresas de todo el mundo pongan su mirada en un país que ha decidido competir y lo ha hecho de buena manera.
Dr. Luis Antonio Sobrado González
Magistrado Presidente, TSE
El próximo domingo 5 de diciembre es un día muy importante, porque estamos llamados a votar.  Completaremos ese día los gobiernos municipales. Tras haber elegido en febrero a los regidores y regidoras, en esta nueva cita con las urnas designaremos, entre otros cargos, a los alcaldes y alcaldesas que velarán por los intereses de nuestras comunidades durante los próximos cinco años.
Los gobiernos municipales han ido ganando protagonismo y relevancia en la vida cotidiana de los costarricenses. Para bien o para mal, las decisiones que se adoptan en las municipalidades y la eficacia con que se ejecutan, tienen un impacto directo en nuestra calidad de vida. No se trata, cuando hablamos de lo municipal, de las relaciones internacionales o de los grandes temas nacionales.  Están en juego, más bien, cosas que a todos nos son muy cercanas y tangibles, por ser las que tienen que ver con la realidad de nuestro cantón y de los barrios que lo conforman.
Y es que de las municipalidades depende el buen estado de las calles vecinales y los espacios recreativos, la eficiente recolección de la basura, la promoción de la cultura local, la mejor atención de la seguridad del vecindario, el prudente manejo de las patentes, el saludable incentivo del comercio local y la necesaria planificación del desarrollo urbano del cantón para la conservación de su ambiente.
Estamos en todo nuestro derecho cuando exigimos que las municipalidades hagan bien su trabajo. Pero, a cambio, tenemos el deber de participar en la elección de aquellos que las gobernarán, así como la responsabilidad de hacer una buena escogencia.
La ecuación es clara: una buena gestión municipal redunda en mejor calidad de vida para los habitantes del cantón. La buena noticia de la democracia es que los ciudadanos no estamos obligados a resignarnos o conformarnos con criticar y lamentar las malas administraciones municipales. La democracia pone en las manos de cada ciudadano el poder de su voto. Las elecciones son la oportunidad más preciosa, y por ello imperdible, para forjarnos nuestro propio destino, escogiendo a las mejores personas para que dirijan la comunidad.
Si aún no ha decidido ir a votar, piénselo: esta elección es la de su barrio. No deje que sean otros los que elijan por usted, porque sería usted y no sólo los que vayan a votar, el que resultaría perjudicado si no se elige gente capaz y honesta para los cargos municipales.
En la página electrónica del Tribunal Supremo de Elecciones muy pronto podrá apreciar el amplio menú de candidaturas y propuestas de los partidos políticos.  Podrá usted confrontarlas con la radiografía de su comunidad que, bajo el título “ficheros de información cantonal”, ya ofrece ese sitio web.
Infórmese, valore y decida. Es su derecho y responsabilidad como ciudadano costarricense.
Dr. Luis Antonio Sobrado González
Magistrado Presidente, TSE
El próximo domingo 5 de diciembre es un día muy importante, porque estamos llamados a votar.  Completaremos ese día los gobiernos municipales. Tras haber elegido en febrero a los regidores y regidoras, en esta nueva cita con las urnas designaremos, entre otros cargos, a los alcaldes y alcaldesas que velarán por los intereses de nuestras comunidades durante los próximos cinco años.
La experiencia vivida por los mineros en Chile y su increíble rescate después de tanta espera, ha tenido al mundo reflexionando sobre el sentido de la solidaridad y compasión. Sentimientos fundamentales para la sana convivencia entre seres humanos.
Nos convertimos en una sola conciencia de paz y amor hacia el prójimo al cruzar los dedos frente al televisor para sostener con fuerza el éxito ante lo angustioso que debe haber sido pasar por un diminuto túnel de tierra y finalmente salir de esa oscura tumba que fue la mina. Cada lágrima de un hombre rescatado significó alegría y emoción. Cuando sus familiares abrazaron su llegada, el mundo entero también los abrazó.
La fuerza de Dios junto al milagro han devuelto a la humanidad su nobleza, dejando de lado egoísmos, vanidades y sobre todo luchas de poder. Unimos  esperanzas  por el bien común.
Es este un momento histórico vital. Como humanidad debemos sentir mucho orgullo al buscar todos los recursos materiales y humanos para salvar vidas inocentes. Permite considerar la idea de empezar a construir una sociedad tendiente al cuidado del alma individual como grupal. Así dejaremos de padecer enfermedades cotidianas como es la soledad por tener que vivir un mundo frío e inconexo.
Cuando el alma pone atención a los detalles más pequeños y actividades más comunes, si se lo cuida con ánimo y fuerza, tienen un efecto que va más allá de su aparente insignificancia. Y eso es justamente lo que necesitamos para favorecer un ambiente seguro donde hombres, mujeres, niños y niñas puedan disfrutar de la hermosa naturaleza y desarrollarse con plenitud.
Otro aspecto importante para llegar al bienestar del mundo  es la espiritualidad. Establecer un orden interno en la propia conciencia que nos permita descubrir la belleza que se manifiesta en toda forma de vida.  Implica hacer un cuestionamiento de los valores y supuestos en los que se basa la cultura actual. Pues la predominante visión científico industrial es sin duda un gran monstruo que destruye el amor y la vida espiritual humana.
Cuando nos dejamos hechizar por la promesa de dinero, poder y placer, millones de personas viven insensibles a su propia humanidad y significado. Lamentablemente nuestra cultura es anti ecológica, anti estética, y anti espiritual.
Vivimos en una sociedad basada en la visión científica mecanicista del siglo XVIII, que percibe a la naturaleza como producto muerto, insensible a la vida de los seres que habitan el planeta. Desde ese lugar frío vemos una Costa Rica indiferente a cientos de niños y niñas que amanecen sin tener que comer. Sin un lugar donde vivir. Sin leyes que verdaderamente los proteja de la explotación sexual, y muchos otros abusos.
Hogares donde las mujeres son agredidas y abandonadas por sus compañeros, inmersas en una sociedad aun machista. De ahí que los hijos varones siguen pensando que son superiores, por ende pueden dominar a sus hermanas, novias, esposas y compañeras de trabajo.
Padecemos de muerte y violencia en cada esquina. Las armas son pan de cada día. Las drogas en sus dos dimensiones básicas de tráfico y consumo forman parte de una cotidianidad insegura.
En nuestro país como en el resto del planeta hay millones de personas que viven dentro de una mina oscura simbólica. Sin aire puro, ni dignidad. Envueltos en guerras sin sentido, víctimas de secuestros, torturas y muertes injustas.
Y lo peor: no cuentan con una parte de la población que invente un sistema como el  “Fenix” en Chile para sacarlos de su agonía.  Nadie llora sus penas, ni cruza los dedos para un rescate exitoso.
Sin embargo, la naturaleza humana cuenta con capacidades infinitas de generosidad, cooperación, interdependencia y conservación. La cuales podemos revivir y rescatar para cambiar el mundo. Pero no pueden ser construidas por decreto o planeación administrativa: debe empezar a construirse en la misma conciencia interior de cada uno. La paz será siempre el camino y la recompensa.
La experiencia vivida por los mineros en Chile y su increíble rescate después de tanta espera, ha tenido al mundo reflexionando sobre el sentido de la solidaridad y compasión. Sentimientos fundamentales para la sana convivencia entre seres humanos.

Un 12 de octubre pero de 1492,  América fue  descubierta para ser mostrada a Europa y al resto del mundo y desde ese momento, no hemos parado de mostrar todo lo que valemos en esta hermosa tierra,  que huele a marimba y a bolero,  a caña y a café según ha dicho el poeta.

 

Han pasado 518 años y  en la misma fecha de aquel encuentro de culturas,  33 mineros fueron rescatados de la oscuridad en las entrañas de la tierra, para seguir mostrándole al mundo de qué estamos hechos y cuánto valemos los seres humanos.   Ayer, fue República Dominicana la que vio llegar a los españoles y hoy es Chile,  la que ha debido mostrarle al mundo de qué estamos hechos los habitantes de esta América bendita.

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Por tratarse de un acontecimiento internacional que se celebra cada año durante el mes de octubre, es importante resaltar el significado de la calidad en la vida de las personas, porque la calidad - más que un concepto - es una práctica permanente que debe estar presente en todas las actividades humanas.
La “calidad”  debe conceptualizarse desde una perspectiva integral, que incluye no solamente los aspectos relacionados con la aplicación de las normas en el proceso productivo, sino también todos aquellos elementos que como parte de las políticas públicas propician el mayor beneficio para los habitantes.
Desde el punto de vista de la economía, por ejemplo, el mercado debe caracterizarse por la comercialización de bienes y servicios con estricto cumplimiento de las normas de calidad establecidas, nacional e internacionalmente. Incluyendo el buen trato hacia los consumidores puesto que más que compradores, los consumidores son ante todo seres humanos que merecen respeto y consideración.
Pero, desde otro punto de visto, quizás el más importante, el ser humano no puede ser tratado solamente como un sujeto económico. Si realmente se desea resaltar la importancia de la calidad en términos del nivel de vida, entonces es preciso que se consideren otros aspectos fundamentales, como la salud, la educación, la vivienda, la seguridad ciudadana y otros más, con lo cual la visión de la calidad se amplía y se percibe de manera integral.
La satisfacción de las necesidades básicas representa un derecho fundamental del ser humano, por tanto, no es posible encasillar este proceso de manera exclusiva en la lógica del mercado, porque lo que estaría en juego sería la vida misma. Y desde el punto de vista social - y de la calidad-  tendría hablar de los indicadores económicos y de los criterios de rentabilidad de las empresas, cuando millones de personas no accesan los servicios públicos y tampoco sacian su sed y su hambre.
Las personas pueden tener su propia ideología y credo político, pero su común denominador es sumamente claro, si no comen se mueren. Por ello, en este mes de la calidad es vital hacer un llamado a las autoridades políticas para que se fortalezcan los programas sociales; a los empresarios, para que se entienda que la actividad económica de una nación no gira exclusivamente a su alrededor, sino también de la gente; y a la sociedad civil, para que los ciudadanos asuman un rol protagonista en su desarrollo y también  participen en  la definición de las políticas públicas.
Por tratarse de un acontecimiento internacional que se celebra cada año durante el mes de octubre, es importante resaltar el significado de la calidad en la vida de las personas, porque la calidad - más que un concepto - es una práctica permanente que debe estar presente en todas las actividades humanas.
Juan Rafael Mora Porras, don Juanito, por cariño bien ganado, fue nuestro guía en los días seguramente más aciagos de la historia republicana. No se limitó este egregio gobernante a alertar a la ciudadanía del peligro que se cernía sobre la Patria, tampoco se limitó a motivar a sus compatriotas para que tomaran las armas y defendieran nuestra soberanía y nuestro honor. Él, como presidente, asumió la jefatura de nuestras fuerzas armadas y las dirigió incluso más allá de nuestras fronteras.
No fue fácil su misión, como no lo es para nadie que deba guiar una guerra –aun en tiempos de paz-  contra fuerzas tan poderosas, las de los filibusteros, los de adentro y los de afuera, con los más diversos nombres y calidades pero que tenían y tienen por meta común socavar los cimientos de la Patria, de la institucionalidad, de la legalidad, de la funcionalidad y de la eficiencia de un estado democrático que esté, de verdad, al servicio de los intereses de las mayorías, sin prebendas para algunos, sin exclusiones para nadie.
No fue fácil en aquellos tiempos, difíciles por muchas circunstancias específicas pero similares algunas a las de hoy, cuando la Patria sigue amenazada y enfrentando las acciones del filibusterismo en los diversos campos de acción, desde quienes asentados fuera –y con sus acólitos acá dentro- pretenden suplantar sus valores y comprar voluntades  para imponer sus oscuros negocios, hasta quienes desde adentro, con diferentes motivaciones, ya sea por representar esos intereses mezquinos o promover los propios, por creer bienintencionadamente que oponiéndose a todo ayudan al país, por ser parte del crimen organizado o de la ineficiencia estatal, por vivir atados a las prebendas que proporcionan el poder político, el poder económico, el poder gremial y la burocracia, por obstaculizar la unidad nacional en la lucha contra los grandes problemas que son nuestro enemigo común,  a veces escondiéndose hasta tras la sagrada lucha por los derechos humanos, en fin, por todas esas conductas y omisiones que socaban desde diferentes ámbitos, públicos y privados, la construcción de la Patria por la que han luchado los Mora, los Santamaría  y tantos otros héroes y heroínas a lo largo de nuestra historia.
De allí que la inmortalidad de don Juanito le venga por doble razón. Primero por sus extraordinarias y ejemplares acciones patrióticas; segundo porque necesitamos su permanente inspiración para mantener viva la lucha contra esas diversas formas de filibusterismo que siguen, como en 1856, amenazando la hacienda, los valores y a la familia costarricense.
De allí también la oportunidad y la trascendencia  del homenaje que le ha hecho el pueblo costarricense, a través del Congreso, al declararlo  Libertador y Héroe Nacional; sobre todo porque el haberlo aprobado con la unanimidad de los partidos allí representados es signo de esperanza y de compromiso.
Y la verdadera trascendencia de ese homenaje radicará en lograr esa unidad nacional, a partir del diálogo, el respeto y el desprendimiento, para enfrentar juntos los problemas que hoy, como en tiempos de Santamaría, Mora y Cañas, nos impiden alcanzar el sueño de una Patria en la que todos tengamos cabida y podamos vivir una vida digna, con progreso y en armonía.
Juan Rafael Mora Porras, don Juanito, por cariño bien ganado, fue nuestro guía en los días seguramente más aciagos de la historia republicana. No se limitó este egregio gobernante a alertar a la ciudadanía del peligro que se cernía sobre la Patria, tampoco se limitó a motivar a sus compatriotas para que tomaran las armas y defendieran nuestra soberanía y nuestro honor. Él, como presidente, asumió la jefatura de nuestras fuerzas armadas y las dirigió incluso más allá de nuestras fronteras.
Sábado, 16 Octubre 2010 05:29

Fundación MarViva: Ocho años de trabajo por nuestros mares.

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Hace ocho años Erica Knie, una visionaria de nacionalidad suiza, se enamoró de nuestro mar Pacífico. Asombrada por su riqueza decidió crear la Fundación MarViva para ayudar al país en sus esfuerzos por proteger los ambientes marinos y asegurar el desarrollo sostenible de los pobladores costeros.  Su sueño fue ver un mar sano y saludable que sirviera de base para el desarrollo de los pueblos costeros.  A pesar de que ella no vivió para celebrar los ocho años de la Fundación, en este tiempo su obra se ha extendido y consolidado. Hoy, las agencias estatales y los pobladores costeros de Panamá, Costa Rica y Colombia reciben el apoyo de Fundación MarViva en acciones de conservación y desarrollo de sus mares.
En colaboración con agencias estatales, organizaciones comunitarias, organismos internacionales y otros interesados, MarViva ha logrado incrementar la protección de varias áreas marinas protegidas, ha aumentado sensiblemente la conciencia de la población por proteger nuestros mares, ha promovido la generación de normas y políticas y ha apoyado el desarrollo de alternativas productivas en comunidades costeras.
Como muchos otros países, escasamente reconocemos que el mar encierra una gran riqueza biológica y es una fuente de producción pesquera de la que dependen miles de personas. Nuestros mares ofrecen además, docenas de otros recursos y usos que pueden brindar bienestar y desarrollo al país, si logramos manejarlos adecuadamente. Muchos de estos usos y recursos, como la generación eólica y la maricultura, recién se están desarrollando.
El desconocimiento del valor del mar y sus recursos ha permitido la sobre-explotación  pesquera, la contaminación de nuestras costas y la ausencia de políticas de ordenamiento de las actividades humanas en este extenso territorio. Hoy en día los impactos son evidentes. Muchas de las pesquerías han colapsado, hay playas que son insalubres para el turista, una mínima parte de nuestros mares jurisdiccionales están protegidos y se observan grandes vacíos en políticas y leyes sobre el tema marino.
Aún así el cambio se empieza a sentir. Penosamente lento, pero se percibe un cambio en pro de la conservación de los mares. Los temas de la conservación del mar, del ordenamiento de los usos y los espacios marinos han venido, en forma incipiente, ocupando la agenda de medios de comunicación y espacios de discusión política. Poco a poco, la sociedad viene tomando conciencia de la necesidad de cambiar nuestra relación con el mar.
MarViva se siente orgullosa de ser parte de ese grupo de instituciones y personas que han iniciado un cambio de actitud hacia nuestros mares.  En los ocho años de su existencia Fundación MarViva ha contribuido significativamente a este cambio.
Sabemos que el camino por recorrer es todavía muy largo; pero confiamos que en la próxima década nuestro país habrá desarrollado e implementado políticas que regulen las actividades humanas en nuestros mares y se habrá consolidado una sociedad plenamente convencida de la necesidad y relevancia de manejar y conservar los ambientes marinos.
El sueño de nuestra fundadora puede convertirse en realidad para el beneficio de nuestra sociedad y nuestros mares. ¡Como hasta ahora, MarViva seguirá dando su mejor esfuerzo por alcanzarlo!
Dr. Jorge Arturo Jiménez Ramón, Director General, Fundación MarViva.
Hace ocho años Erica Knie, una visionaria de nacionalidad suiza, se enamoró de nuestro mar Pacífico. Asombrada por su riqueza decidió crear la Fundación MarViva para ayudar al país en sus esfuerzos por proteger los ambientes marinos y asegurar el desarrollo sostenible de los pobladores costeros.  Su sueño fue ver un mar sano y saludable que sirviera de base para el desarrollo de los pueblos costeros.  A pesar de que ella no vivió para celebrar los ocho años de la Fundación, en este tiempo su obra se ha extendido y consolidado. Hoy, las agencias estatales y los pobladores costeros de Panamá, Costa Rica y Colombia reciben el apoyo de Fundación MarViva en acciones de conservación y desarrollo de sus mares.

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