Mediante contratos laborales se les garantizaban sus pagos y salarios. Sin embargo, a principios de 1879 trabajadores jamaiquinos realizaron una rebelión laboral. Un día como hoy, 26 de febrero de 1879, con motivo de un faltante de dinero en su paga, por aparente error del contabilista de la empresa, se sublevaron al creer que se les había rebajado el salario, en lo cual recibieron apoyo de otros trabajadores caribeños del puerto de Limón. En 1887 volvieron a ocurrir conflictos con seiscientos trabajadores caribeños, particularmente en las zonas de Moín y en el Reventazón.