Con motivo de los primeros contactos comerciales con Europa, por influencia y gestión del Cónsul Británico, Federico Chatfield, se impulsó el establecimiento de un cementerio para no católicos en la ciudad de San José, ya que la administración de los cementerios la tenía la Iglesia Católica que se oponía al enterramiento, en ellos, de los no católicos. Así, un día como hoy, 8 de marzo de 1850, el Gobierno de Costa Rica dona un terreno para establecer el cementerio para no católicos en la capital