Y finalmente el tercer momento lo tenemos ahora, ante la volátil situación del dólar. En esta nueva debacle en la que el dólar se fortalece, hemos visto a un Banco Central débil actuando con gran timidez. No sólo no ha querido revelar a los actores económicos la regla de decisión que media para la intervención del Banco Central a lo interno de las bandas cambiarias (lo que ellos llaman en los datos públicos del Banco “operaciones de estabilización”) sino que el efecto de estas intervenciones ha sido nulo.
Mientras que en diciembre del 2012 no vaciló en comprar hasta $130 millones de dólares en un solo día, en la última semana de febrero (cuando se dio la vertiginosa apreciación del dólar) el promedio de intervención del central fue de apenas $26 millones por día para mitigar dicha apreciación. Eso no es intervenir el mercado, es tan solo participar. El Central tiene reservas suficientes para intervenir de forma efectiva en el mercado para detener el avance del dólar.
¿Acaso esta alza del dólar no va a repercutir de manera inmediata en la inflación; será que la meta inflacionaria le preocupa menos a don Rodrigo después de que la defendió por encima del empleo?
Tal vez, como señala Stiglitz en su libro “El Precio de la Desigualdad”, tenemos un Banco Central por y para el 1% de la población. Un Banco Central por y para esa cúpula de los más ricos, quienes pueden no sólo flotar por encima de la vorágine del Tipo de Cambio, sino también obtener ganancias de la situación actual en la que la especulación se ha apoderado del mercado mayorista de divisas.
Patricia Pérez Hegg