En 1920 luego de una serie de huelgas se dispuso la jornada de 8 horas diarias. En el caso de las panaderías hacia 1920, se hacían denuncias de que las jornadas eran excesivas llegando en muchos casos a laborar hasta 16 horas diarias.
El Partido Reformista en 1923 y el Partido Comunista en 1931 contribuyeron a controlar estas leyes y regulaciones.