Allí sus asesinos no satisfechos con el crimen, ya muerto, lo humillaron y ultrajaron.
Los odios desatados en su contra por quienes le sucedieron en la Presidencia de la República opacaron y ocultaron por varios años no solo la egregia y noble figura del Gran Capitán Juan Rafael Mora Porras, sino que quisieron borrar también, de la memoria de la Patria, sin poderlo lograr, la Gesta patriótica que él dirigió.