El movimiento masónico costarricense, que había sido organizado e impulsado por el sacerdote Francisco Calvo, iba cobrando fuerza, a finales del siglo XIX, entre los intelectuales y los altos dirigentes políticos de la vida nacional, entre los que se encontraban ministros, diputados, presidentes de la república, y prestigiosos intelectuales, todos del movimiento liberal.
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Un día como hoy, 31 de marzo del 1883, el periódico Eco Católico, de la Iglesia, inicia una serie de publicaciones sobre la Francmasonería, aplicados a Costa Rica, y algunos comentados a partir de la experiencia internacional, donde destacaba que la “Francmasonería es la negación de Dios”. Según el Eco Católico un “verdadero principio masónico es que el único Dios presente a quien se debe adorar es a la humanidad”, “cuya manifestación palpable es el Estado.