Fue un periodista valiente, tenaz en su trabajo, acucioso en sus investigaciones periodísticas, que amaba su profesión, inteligente y creador para sus reportajes y denuncias que asumía con enorme valor cuando otros por temor, cobardía o complicidad omisiva callaban. Su humor, ironía, sarcasmo, burla, choteo, crítica, irreverencia, con sentido polémico y hasta belicoso, sacudía la conciencia de miles de costarricenses que fielmente le seguían. Un día como hoy, 7 de julio del 2001, fue asesinado por una cuadrilla de sicarios, en medio de un escándalo periodístico que había provocado.