En uno de los primeros escritos, hará poco más de 20 años, comentamos a los oyentes, respecto al desierto verde que era el Parque Metropolitano La Sabana, ideado por políticos que pensaron en plantar árboles exóticos de rápido crecimiento, dándole la espalda a la flora y la fauna nacional.
Decíamos entonces, que era importante eliminar los eucaliptos y el ciprés que abundan en ese pulmón metropolitano y sustituirlos paulatinamente por higuerones, damas, aguacatillos, robles de sabana, cortéz amarillo, poró, muñeco y tantas otras especies nativas y así atraer a las aves para el deleite de los visitantes.
Como expresara alguien sabiamente, a cada idea se le llega su tiempo y en virtud de que los años aconsejan la disciplina física, he vuelto a recorrer este hermoso paraje citadino y hoy, gracias al aporte de la empresa privada y entidades públicas como el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación (ICODER) y del Inbio, paulatinamente se han desplazado las especies foráneas, precisamente por las que clamamos desde estos micrófonos y el cambio ya es evidente, las flores y las aves poco a poco encuentran en La Sabana el espacio amigable que les pertenece.
Aquí lo que importa es el milagro y no el santo que lo hizo, como la semilla de mostaza del salmista, de cada palabra que se exprese nadie puede discernir el terreno en que irá a caer, ni quien saboreará los frutos, la radio es el sembrador, sus ondas viajen desperdigadas en el espacio, alguien, no importa cuándo ni dónde… recogerá los dones de la cosecha.