Este Decreto, No. 100, había sido el resultado de un intenso año de luchas por obtener esta jornada que se había iniciado en febrero de ese año, cuando se reconoció a los trabajadores de Obras Públicas esta jornada y se continuó, con un movimiento prolongado de huelgas, durante el resto del año. Era parte de la tradición de lucha que habían dado los trabajadores de Chicago en 1886, que se había logrado en 1890 en muchos países y que, en 1911, en el Salvador, en el Congreso Obrero Centroamericano, se planteó como lucha.