Lo del Presidente uruguayo no son poses demagógicas, cuando fue electo para un escaño en el congreso llegaba en su desvencijada moto Vespa.
Cercano a los 80 años este hombre sencillo se fraguó en el grupo guerrillero denominado Los Tupamaros, de enorme vigencia allá por la década de los 70 del siglo pasado, 14 años de prisión por sus ideales, forjaron su carácter austero que mantiene hoy como primer mandatario de la república.
“La noche que me ponían un colchón me sentía contento. Y logré sobrevivir. Dándome cuenta que me había hecho problema por muchas bobadas. Ser libre es gastar la mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquello que nos guste. Pero para eso hay que tener tiempo. Y si entro a consumir demasiado, tengo que gastarme la vida trabajando para todo eso que estoy consumiendo” indicó en una entrevista periodística.
José Mujica, el presidente de Uruguay, dona el 90% de su salario a obras de caridad, apoya a pequeños empresarios que luchan para salir adelante, en su pueblo no es raro verlo llegar en su destartalado carro a comprar la tapa del inodoro que se le descompuso y con ella bajo el brazo ir al estadio a hacerle barra a su equipo de la segunda división, algunos lo califican el presidente más pobre del mundo, ignoran su verdadera riqueza, el tesoro invaluable de su vida austera, frugal, pero infinitamente feliz.