Las iglesias tocaron campanas, como se acostumbraba para celebrar acontecimiento o reunir la población al repique de esas campanas, convirtiéndose en centros de oración para dar gracia a Dios por el cese de la guerra y el retorno de los soldados.
En la Plaza Principal de San José al mediodía se celebró militarmente disparándose 101 cañonazos.
Walker en su rendición se comprometió a salir de Centroamérica y no regresar. Sin embargo, en 1860 intentó nuevamente impulsar su proyecto anexionista y esclavista. Fue capturado en Honduras donde se le fusiló el 12 de setiembre de 1860.