La historia de este curioso reino inicia en 1807, cuando el tatarabuelo de Tonino, Giuseppe Beroleoni, se convirtió en el primer colono de la deshabitada isla.
El inmigrante genovés había contraído matrimonio con dos hermanas y estaba buscando un refugio para escapar de sus cargos por bigamia.
Giuseppe y su pequeño harem pronto notaron que estaban compartiendo la paradisíaca isla con una rara especie de cabras salvajes, que tenían los dientes teñidos de un amarillo dorado por las algas y liquen que consumían.
Las noticias sobre las cabras de dientes dorados terminaron llegando a oídos del rey de Cerdeña, Carlo Alberto, quien resolvió viajar a Tavolara para cazarlas en 1836. El encargado de guiar las excursiones fue Paolo, el hijo de 24 años de Giuseppe.
A su llegada, Carlo Alberto se presentó diciendo: 'Soy Carlo s Alberto, el Rey de Cerdeña'", a lo que Paolo respondió: 'Bueno, yo soy Paolo, el Rey de Tavolara'".
Según Tonino, después de matar varias cabras y tener un festín de tres días en la casa de Paolo, Carlos Alberto quedó tan complacido que antes de zarpar le dijo: "¡Paolo, realmente eres el Rey de Tavolara!".
Broma o no, lo cierto es que, posteriormente, Carlos Alberto confirmó que la lejana isla nunca había sido oficialmente parte del Reino de Cerdeña, enviándole a Paolo un pergamino de la familia real, la Casa de Saboya, que certificaba su estatus como monarquía.
En los años siguientes, las noticias sobre la soberanía de la isla se propagaron más allá del Mediterráneo y la minúscula isla terminó contando con un puñado de aliados políticos.
Incluso uno de los padres fundadores de Italia, Giuseppe Garibaldi, fue consejero de confianza de la familia Bertoleoni.
En la actualidad el reino de Tavolara es casi desconocido y su rey vive de la pesca y de su restaurante, sin la preocupación de ser derrocado por un grupo de vasallos rebeldes.