Ahora bien, ¿a qué se debe esta resistencia a hablar de un tema tan cercano a nosotros? Posiblemente porque en Occidente se considera la muerte como una tragedia, como el final de una vida o por el miedo a la separación definitiva de nuestros seres queridos; sin embargo, eludir la muerte no impide que diariamente seamos testigos o conocedores de la muerte de los otros.
Entonces, si la muerte es parte de la vida, y constantemente somos testigos de manera directa o indirecta de ella, sería valioso que las personas hicieran un esfuerzo para conocer las diferentes perspectivas que se tienen de ella en algunas culturas. Ello ayudaría a tener un pensamiento más tolerante sobre los diferentes rituales practicados y nos permitiría aceptarla de una manera más natural en nuestras vidas.
Por ejemplo, en culturas asiáticas la muerte es considerada como una fuente de vida y un caso muy particular de asumirla como una festividad sucede en México cuando se celebra el Día de Muertos.
Desgraciadamente el miedo a lo desconocido, la dependencia a los demás, la evasión y la indiferencia, son grandes enemigos de esa aceptación tan necesaria ante este natural proceso que representa la muerte, pues de no hacerlo, este acontecimiento puede ser más doloroso y conflictivo ya que si no se hace de una manera normal o racional, puede desencadenar problemas de aceptación.
Por lo tanto, si comprendiéramos y asimiláramos la muerte, si comenzáramos a aceptarla como un aspecto natural de nuestras existencias, sin tratar de ocultarla bajo “máscaras de juventud eterna”, es cuando, de alguna manera, podemos comenzar a valorar realmente el privilegio de nuestra vida terrenal y, posteriormente, de nuestra vida espiritual.
En definitiva, en la medida que nosotros comenzamos a aceptar la muerte y comprendamos que esta no es un final, sino un paso a otra forma de vida más plena, sin las restricciones de la materia, no le vamos a temer y, de esta forma, podríamos llegar a comprender el verdadero significado de la vida. Recordemos lo que señalaba el filósofo griego Epicuro: “No temas a la muerte, así no temerás a la vida”.